
QUIENES SOMOS:
Estamos trabajando para construir familias en lugar de un sistema de iglesias. Como hijos de Dios, somos hermanos y hermanas y no huérfanos, lo que significa que debemos vivir y cuidarnos unos a otros como una familia. Desde siempre, Dios ha deseado tener un pueblo en la tierra que viva de una manera que revele Su naturaleza al mundo. Jesús afirmó que aquellos que viven según la voluntad del Padre son verdaderamente Su familia.
Como familia de Dios, debemos preocuparnos por las necesidades de los demás, tanto físicas como espirituales. Discipulamos, alimentamos y somos responsables los unos de los otros en este pacto de vida juntos, para que nos convirtamos en hijos maduros (Huios).
Además, creemos firmemente que la familia bíblica, compuesta por un hombre, una mujer y sus hijos, es un pilar fundamental tanto para la iglesia como para la sociedad. La familia es una institución creada por Dios para mostrar Su gloria. No se puede construir una iglesia fuerte si las familias son débiles, por lo que nos dedicamos a enseñar, proteger y cuidar a las familias con una cosmovisión bíblica de familia, hombres, mujeres y niños.
El Evangelio se enseña, se vive y se proclama de generación en generación, y sabemos que esto se ha vuelto más desafiante en la actualidad debido a la creciente iniquidad de la época.
(Génesis 12:1-3; Salmo 78:4, Juan 1:12-13; Romanos 12:10-16; Mateo 12:50, Salmo 68:6, Proverbios 22:6).
DISCÍPULOS
Como discípulos de Jesús, somos responsables tanto de nuestro propio crecimiento espiritual como del desarrollo de los demás. Jesús nos llamó a seguirlo en Su camino y a obedecer los mandamientos de Dios, y también nos encargó la tarea de hacer nuevos discípulos. Creemos que es nuestra responsabilidad seguir a Jesús y trabajar en nuestro propio desarrollo espiritual, así como participar en la formación de otros bajo la guía de líderes espirituales. Ser y hacer discípulos no es opcional, es nuestra responsabilidad como creyentes.
(Lucas 2:52; Mateo 28:18-20; Efesios 4:11-13; 2 Timoteo 2:2).
Creemos en la unidad espiritual de los creyentes en nuestro Señor Jesucristo y que todos los santos del mundo conforman el Cuerpo de Cristo. Como iglesia local, nuestro servicio se dirige a contribuir en el desarrollo de hermanos en Cristo, familias, ministerios e iglesias, fomentando su comprensión de su papel en el Cuerpo, la sociedad y el reino de Dios. Es nuestro anhelo que puedan alcanzar su potencial y cumplir con su llamado y vocaciones, viviendo con intención y madurez. De esta forma, su vida, legado, historia y servicio apuntarán hacia Jesús, siendo canal de Él en el mundo, preparando y alcanzando las generaciones venideras hasta que Jesús regrese.
Como siervos de Dios, servimos a los demás de manera constante. Jesús, que era plenamente Dios y plenamente humano, tomó la postura de un siervo y entregó Su vida por completo, incluso hasta la muerte, para que otros pudieran recibir salvación, paz y restauración.
Jesús dijo: "Yo estoy entre ustedes como el que sirve", y aquellos que lo siguen están llamados a servir con humildad. Para nosotros eso significa someternos alegremente a la voluntad de Dios, a la autoridad y a los demás. Por lo tanto, servimos a aquellos a quienes Dios coloca en nuestro camino, haciendo lo necesario en cualquier lugar que nos lleve la vida.
(Mateo 20:25-28; 25:31-46; Juan 13:1-17; Filipenses 2:5-11; 1 Pedro 2:16).
Somos misioneros porque Dios envió a Su hijo para salvarnos y permitirnos tener comunión con Él. De este modo, nuestra salvación tiene un propósito definido. Jesús nos encomendó la tarea de difundir el evangelio del Reino a todas las naciones, haciendo discípulos hasta Su retorno. Por lo tanto, comprendemos que debemos hacer todo lo posible para cumplir con esta tarea, ya sea enviando, contribuyendo, orando o siendo enviado.
(Mateo 28:17-20; Mateo 24:14; Juan 20:21; Colosenses 1:19; 2 Corintios 5:17-21)
Nuestra adoración, nuestra música, nuestras expresiones y todo lo que nos rodea tienen como objetivo principal honrar y exaltar a Jesús, de tal manera que Su presencia y gloria sean conocidas en medio de nosotros y se manifiesten de manera real para todos.
Creemos que la presencia de Dios es el propósito de la vida y el anhelo más profundo del corazón humano. El alma humana anhela la presencia de Dios y solo en ella se encuentra plena satisfacción. La presencia de Dios trae la mayor alegría, la mayor satisfacción y la experiencia más significativa que un ser humano puede tener.
Deseamos que todos tengan intimidad con Dios y una relación cercana con Su presencia. Anhelamos que nuestra adoración colectiva atraiga la presencia manifiesta de Dios y que cada hermano sea un canal de Su presencia dondequiera que se encuentre.
Asimismo, creemos que la presencia de Dios nos lleva a una vida de amor, humildad, arrepentimiento, santidad, obediencia y responsabilidad, y nos guía hacia las verdades de la Biblia.
(Juan 14:21-23; 15:4, Salmo 16:11; 92:5; 100:2, 139:7-12; 2 Reyes 3, Hebreos 10:19-22)
Creemos en un avivamiento sostenible, que comienza con la vida de cada creyente y se extiende a todas las naciones y esferas de la sociedad, transformándose en una reforma.
El avivamiento es para cada hijo e hija de Dios. Buscamos encender la llama del avivamiento en nosotros cada día, y no esperamos a un próximo campamento, conferencia o predicador famoso para hacerlo. Estamos trabajando para traer el Cielo a la Tierra, no esperando irnos al Cielo. Cultivamos intencionalmente el estilo de vida de un avivador. Así como los discípulos, nuestra oración es que se haga la voluntad del Padre en la Tierra como en el Cielo.
El Evangelio no es solo persuasión mediante palabras humanas sabias, sino de Poder. Por lo tanto, el Espíritu Santo nos llena de poder para escuchar la voz de Dios y profetizar, sanar enfermos, liberar endemoniados, resucitar muertos, y realizar milagros y prodigios. Jesús nos promete que estas señales seguirán a los que creen y que haremos obras aún mayores.
Vivimos en completa obediencia y llenos de valentía, tomando riesgos para ver la cultura del Cielo llenar la Tierra.
(Mateo 6.9-13; 24.14; 28.19-20; Marcos 16.17-18; Juan 14.12-14; Romanos 1.16; 1 Corintios 2.4-6; 4.20)